MAGALLANES LE GANÓ A ALMAGRO

Patricia Stambuk M.


No es un partido de fútbol entre chilenos y argentinos. Hernando de Magallanes y Diego de Almagro fueron un portugués y un español que, si vivieran, estarían disputándose con saña el balón, porque los que avivamos al primero sostenemos que arribó mucho antes a las costas de lo que sería Chile (1520) y los que admiran al segundo lograron asignarle la condición de “descubridor” del país, por haber cruzado la cordillera e ingresado al valle de Copiapó. Aunque llegó dieciséis años después que el lusitano (1536), se le reconoce oficialmente el mérito al conquistador del norte. Así se lee y estudia en los textos escolares, desde que alguien consideró que nuestros pueblos antiguos no tenían importancia suficiente para reconocerles sus extensas travesías y asentamientos.

Repasemos: el 21 de octubre de 2019 se celebrarán 499 años desde que el portugués, junto a una controvertida tripulación española, no exenta de traidores y desertores,  ingresó con cuatro naves por la boca oriental del Estrecho. En 28 días comprobó que ese paso desembocaba en un océano que lo recibió en la salida occidental con una calma engañosa, al punto que el proceloso mar del Sur –su nombre hasta entonces– se conoció de allí en adelante como nuestro gran océano Pacífico. Fue una de nuestras primeras contradicciones; en el curso de los siglos se sumarían muchas más.

Demostró don Hernando que había un encuentro de mares y dio la primera vuelta al globo terráqueo en la historia de la humanidad. Los chinos han pretendido primacía, pero no hay pruebas convincentes y prevalecen las inconsistencias.

Falta solo un año para que se cumplan 500 desde ese día memorable. Es el mismo tiempo que le tomó a la escuadra del Reino de Castilla y Aragón venir y regresar a una España expectante, aunque sin su capitán, asesinado en Filipinas por un acto de soberbia del lusitano con los lugareños, verdaderos dueños de esos espacios. La conmemoración de este quinto centenario no debe ser considerada solo una efemérides regional. Es el único hecho de la historia remota de Chile con una dimensión universal. No hay otro. No solo por la hazaña náutica, sino por todo lo que desencadenó esa memorable travesía, desde la cartografía en adelante.

Son ínfimas las ocasiones en que los hechos trascendentes ocurridos fuera de los límites capitalinos son considerados de importancia nacional. Una vez al año miramos hacia Iquique, en el norte, y rememoramos el valor ejemplar de Arturo Prat. La primera vuelta al mundo por el Estrecho de Magallanes hace 500 años redefinió los mapas de la Tierra, conectó mares y culturas y nos dejó el apellido sonoro e inconfundible del gran explorador en una región como no hay otra.


Columna publicada en El Mercurio de Valparaíso

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